LA OCHENTA CERCA AL PODER
martes, junio 07, 2011
lunes, junio 06, 2011
BASADRE : SU OBRA SIGUE VIGENTE, AUN PERDURA
BASADRE : SU OBRA SIGUE VIGENTE, AUN PERDURA
(escrito en el 2000, a veinte años de su muerte)
La Vigencia de Basadre
Sus cuatro claves de la historia peruana
Por: Manuel Burga
Fuente: Caretas Nº 1625, Lima 30/06/2000
(...) Los libros de Basadre parecen aún vitales, indispensables, con una fuerza sana para explicar y entender nuestro destino histórico.
Presentar o discutir la obra de Basadre demanda una espacio mayor, no un artículo que pretende solamente recordarlo a 20 años de su muerte. Por eso me limitaré a presentarlo a través de algunas de sus claves para entender la historia peruana. Se me ocurre llamar así a esos rasgos fundamentales de nuestro proceso histórico, que Basadre decía que uno puede ignorar, conocer y aún manejar, pero no evitar.
Por eso no es nada raro que su gran tema de estudio haya sido la República. Desde su primer libro, La multitud, la ciudad y el campo en la historia del Perú (1929) hasta su Introducción a las bases documentales para la historia del Perú (1971), pasando por su monumental Historia de la República del Perú, su obra historiográfica trata de explicar y entender el Perú moderno. Su obra es inmensa, sorprendente, rica e inagotable. Sin embargo nunca estuvo libre de la incomprensión, la crítica y - a veces- del menosprecio de algunos historiadores, especialmente de mi generación, que priorizaban una historia denuncia, que negaban la inevitabilidad de lo hispano y lo criollo, que preferían la demolición de la historia, más que una historia centrípeta que buscaba la nación como centro y justificación.
Analizaré algunas de sus ideas que podemos considerarlas como claves de nuestra historia.
Primera: El Perú no es inca, ni español, ni criollo, ni mestizo, es una realidad más compleja. Para mala suerte de Basadre, su carrera como intelectual, se inició en el Oncenio de Leguía, cuando frente al autoritarismo y el derrumbe de las instituciones democráticas, había surgido con fuerza inusitada el primer indigenismo moderno que invadió todos los rincones y emociones de la vida intelectual de entonces. Por eso discrepó de Julio C. Tello, así como de los hispanistas y consideró al criollismo como mundo crepuscular, para luego afirmar que el Perú era más que todo eso.
Segunda: El Perú es un país de contrastes y de contradicciones. Un "país que en la guerra con Chile produjo un bizantino faccionalismo político y un arquetipo de hombre como Grau". Gran parte de nuestra historia, decía, la podemos entender como un debate entre las ideas de libertad y autoridad, ambas como opciones políticas contrapuestas y justificadas por la búsqueda del ansiado progreso material. Un debate entre la institucionalidad democrática, con todas sus implicancias, y los gobiernos autoritarios, que sacrifican la democracia.
Una tercera clave la expresó de la manera siguiente: La historia del Perú en el siglo XIX es una historia de oportunidades perdidas y de posibilidades no aprovechadas. Aquí tenemos que pensar fundamentalmente en su noción de Estado empírico, ineficiente, clientelista y caudillesco, para entender por qué la riqueza del guano no permitió la aplicación de políticas estatales más inteligentes y nacionales. Los problemas provienen de los avatares, las conquistas, los colonialismos que encontramos en nuestra historia, lo que no nos debe impedir -según él- mirar al futuro como posibilidad de una vida mejor.
En cuarto lugar: desde muy joven, y probablemente, en respuesta a su experiencia íntima y personal, se preguntó "¿Por qué se fundó la República?" y aquí expuso una de las claves fundamentales de la historia moderna del Perú, la idea de promesa republicana, que aparece como una emoción de todos los hombres nuevos durante las campañas independentistas en América Latina: "Hubo en ellos también algo así como una angustia metafísica que se resolvió en la esperanza de que viviendo libres cumplirían su destino colectivo. Esa angustia, que a la vez fue una esperanza, podría ser llamada la promesa".
Estas son algunas de las claves de nuestra historia, que según Basadre, no hemos sabido manejar, para que la promesa se realice íntegramente, sin exclusiones, ni privilegios, sin mengua de la libertad, sin autoritarismos ciegos, tercos y antinacionales. A pesar de nuestros conflictos, o, como él solía decir, de una "invisible guerra civil" , Basadre miró la historia peruana para entender la génesis, constitución y desarrollo de la "nación peruana". La historia no como lección ejemplar, sino como memoria colectiva, y comunión, que nos involucre en un proyecto común. Por esto, la República, nacida con la Independencia, será para él la gran arquitectura administrativa y política para ensanchar la nación peruana.
Creo, finalmente, que su idea central, la búsqueda de la nación peruana, nunca fue cabalmente entendida y por eso se le criticó, acusándolo de olvidos y de omisiones. Pero ahora sabemos, gracias a la propuesta de Benedict Anderson, Comunidades Imaginadas (1983), que las naciones son artefactos culturales, más que realidades materiales, que debemos entenderlas como comunidades imaginadas, soberanas y limitadas. Basadre nunca pudo utilizar la noción de Anderson, pero sí percibió a la nación peruana desde esta perspectiva. Por eso nos habla de la multiplicidad peruana, de sus herencias diversas, de sus contradicciones, de esa sensación de futilidad de la democracia, del peligro de los autoritarismos, de los faccionalismos, que impiden que nos podamos imaginar como una comunidad nacional. La terca apuesta por el sí de don Jorge Basadre es su apuesta por la nación peruana, por una comunidad imaginada, donde prevalezcan la integración, la honestidad y el juego limpio. No hay otra manera de construir la nación, sino sanamente. La necesidad presente y futura de esta obra explica la perdurabilidad de Basadre.
(escrito en el 2000, a veinte años de su muerte)
La Vigencia de Basadre
Sus cuatro claves de la historia peruana
Por: Manuel Burga
Fuente: Caretas Nº 1625, Lima 30/06/2000
(...) Los libros de Basadre parecen aún vitales, indispensables, con una fuerza sana para explicar y entender nuestro destino histórico.
Presentar o discutir la obra de Basadre demanda una espacio mayor, no un artículo que pretende solamente recordarlo a 20 años de su muerte. Por eso me limitaré a presentarlo a través de algunas de sus claves para entender la historia peruana. Se me ocurre llamar así a esos rasgos fundamentales de nuestro proceso histórico, que Basadre decía que uno puede ignorar, conocer y aún manejar, pero no evitar.
Por eso no es nada raro que su gran tema de estudio haya sido la República. Desde su primer libro, La multitud, la ciudad y el campo en la historia del Perú (1929) hasta su Introducción a las bases documentales para la historia del Perú (1971), pasando por su monumental Historia de la República del Perú, su obra historiográfica trata de explicar y entender el Perú moderno. Su obra es inmensa, sorprendente, rica e inagotable. Sin embargo nunca estuvo libre de la incomprensión, la crítica y - a veces- del menosprecio de algunos historiadores, especialmente de mi generación, que priorizaban una historia denuncia, que negaban la inevitabilidad de lo hispano y lo criollo, que preferían la demolición de la historia, más que una historia centrípeta que buscaba la nación como centro y justificación.
Analizaré algunas de sus ideas que podemos considerarlas como claves de nuestra historia.
Primera: El Perú no es inca, ni español, ni criollo, ni mestizo, es una realidad más compleja. Para mala suerte de Basadre, su carrera como intelectual, se inició en el Oncenio de Leguía, cuando frente al autoritarismo y el derrumbe de las instituciones democráticas, había surgido con fuerza inusitada el primer indigenismo moderno que invadió todos los rincones y emociones de la vida intelectual de entonces. Por eso discrepó de Julio C. Tello, así como de los hispanistas y consideró al criollismo como mundo crepuscular, para luego afirmar que el Perú era más que todo eso.
Segunda: El Perú es un país de contrastes y de contradicciones. Un "país que en la guerra con Chile produjo un bizantino faccionalismo político y un arquetipo de hombre como Grau". Gran parte de nuestra historia, decía, la podemos entender como un debate entre las ideas de libertad y autoridad, ambas como opciones políticas contrapuestas y justificadas por la búsqueda del ansiado progreso material. Un debate entre la institucionalidad democrática, con todas sus implicancias, y los gobiernos autoritarios, que sacrifican la democracia.
Una tercera clave la expresó de la manera siguiente: La historia del Perú en el siglo XIX es una historia de oportunidades perdidas y de posibilidades no aprovechadas. Aquí tenemos que pensar fundamentalmente en su noción de Estado empírico, ineficiente, clientelista y caudillesco, para entender por qué la riqueza del guano no permitió la aplicación de políticas estatales más inteligentes y nacionales. Los problemas provienen de los avatares, las conquistas, los colonialismos que encontramos en nuestra historia, lo que no nos debe impedir -según él- mirar al futuro como posibilidad de una vida mejor.
En cuarto lugar: desde muy joven, y probablemente, en respuesta a su experiencia íntima y personal, se preguntó "¿Por qué se fundó la República?" y aquí expuso una de las claves fundamentales de la historia moderna del Perú, la idea de promesa republicana, que aparece como una emoción de todos los hombres nuevos durante las campañas independentistas en América Latina: "Hubo en ellos también algo así como una angustia metafísica que se resolvió en la esperanza de que viviendo libres cumplirían su destino colectivo. Esa angustia, que a la vez fue una esperanza, podría ser llamada la promesa".
Estas son algunas de las claves de nuestra historia, que según Basadre, no hemos sabido manejar, para que la promesa se realice íntegramente, sin exclusiones, ni privilegios, sin mengua de la libertad, sin autoritarismos ciegos, tercos y antinacionales. A pesar de nuestros conflictos, o, como él solía decir, de una "invisible guerra civil" , Basadre miró la historia peruana para entender la génesis, constitución y desarrollo de la "nación peruana". La historia no como lección ejemplar, sino como memoria colectiva, y comunión, que nos involucre en un proyecto común. Por esto, la República, nacida con la Independencia, será para él la gran arquitectura administrativa y política para ensanchar la nación peruana.
Creo, finalmente, que su idea central, la búsqueda de la nación peruana, nunca fue cabalmente entendida y por eso se le criticó, acusándolo de olvidos y de omisiones. Pero ahora sabemos, gracias a la propuesta de Benedict Anderson, Comunidades Imaginadas (1983), que las naciones son artefactos culturales, más que realidades materiales, que debemos entenderlas como comunidades imaginadas, soberanas y limitadas. Basadre nunca pudo utilizar la noción de Anderson, pero sí percibió a la nación peruana desde esta perspectiva. Por eso nos habla de la multiplicidad peruana, de sus herencias diversas, de sus contradicciones, de esa sensación de futilidad de la democracia, del peligro de los autoritarismos, de los faccionalismos, que impiden que nos podamos imaginar como una comunidad nacional. La terca apuesta por el sí de don Jorge Basadre es su apuesta por la nación peruana, por una comunidad imaginada, donde prevalezcan la integración, la honestidad y el juego limpio. No hay otra manera de construir la nación, sino sanamente. La necesidad presente y futura de esta obra explica la perdurabilidad de Basadre.
60 millones de casos y 22 millones de muertes
30 años de SIDA en el mundo
60 millones de casos y 22 millones de muertesEl 5 de junio de 1981 los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos publicaron en su boletín semanal una pequeña entrada que describía un "extraño brote de neumonía asesina" que se estaba propagando entre homosexuales.
En julio, el CDC amplió su información documentando que ese tipo de neumonía letal estaba también provocando un raro cáncer entre esos pacientes en California y Nueva York.
Para fines de 1981, los registros indicaban que 121 pacientes habían muerto por esa enfermedad y también se documentaron los primeros casos en el Reino Unido y Suecia.
En efecto, los informes de los primeros casos eran muy confusos, se pensaba que era un tipo de neumonía llamada entonces Pneumocistosis carinii. Y después se responsabilizó a un agente infeccioso conocido, un citomegalovirus.
Poco a poco se fue haciendo claro que se trataba de un trastorno nunca antes visto que no era cáncer ni neumonía sino una enfermedad que se transmitía sexualmente y que estaba afectando gravemente el sistema inmune de las personas contagiadas.
Pero pasaron varios meses y numerosas teorías antes de que los científicos pudieran identificar la causa, la forma de contagio y el tipo de patógeno que estaba causando la enfermedad.
En 1983 el equipo de Luc Montaigner y Françoise Barré-Sinoussi del Instituto Pasteur en París, describieron un retrovirus que llamaron LAV -virus asociado a la linfadenopatía- que era uno de los síntomas de la enfermedad
Unos meses después, en 1984, el doctor Robert Gallo en Estados Unidos publicó varios estudios sobre el aislamiento de varios virus y sobre la correlación entre la presencia de anticuerpos en las personas afectadas por el retrovirus.
En 1986 el retrovirus fue bautizado virus de inmunodeficiencia humana o VIH.
http://www.cdc.gov/mmwr/PDF/wk/mm4534.pdf
LA PROMESA DE LA VIDA PERUANA
LA PROMESA DE LA VIDA PERUANA
Los enemigos de la promesa son : los podridos, los congelados y los incendiados ...
La Promesa de la Vida Peruana es un ensayo escrito por Jorge Basadre en 1943. En noviembre de 1978, Basadre vuelve sobre el mismo texto en un apéndice titulado "Algunas Reconsideraciones Cuarentisiete años después" que aparece en la reproducción facsimilar de la Primera Edición de 1931 de Perú: Problema y Posibilidad. He aquí el texto de 1943:
"(…) Ninguna de nuestras soluciones nos vendrá, pues, cocida y masticada de otros países, aunque sean hermanos, primos o prójimos. Y, sobre todo, nada se podrá hacer a fondo si al país no le conmueve la conciencia de sí, si no afirma en esta hora feroz su querer existencial nacional. Por eso, la promesa de la vida peruana atañe a la juventud para que la reviva, a los hombres de estudio en sus distintos campos para que la conviertan en plan, a la opinión pública en su sector conciente para que la convierta en propósito.
(...) Porque la promesa de la vida peruana sentida con tanta sinceridad, con tanta fe y con tanta abnegación por próceres y tribunos, ha sido a menudo estafada o pisoteada por la obra coincidente de tres grandes enemigos de ella: los Podridos, los Congelados y los Incendiados.
Los Podridos, han prostituido y prostituyen palabras, conceptos hechos e instituciones al servicio de sus medros, de sus granjerías, de sus instintos y de sus apasionamientos.
Los Congelados se han encerrado dentro de ellos mismos, no miran sino a quienes son sus iguales y a quienes son sus dependientes, considerando que nada más existe.
Los Incendiados se han quemado sin iluminar, se agitan sin construir.
Los Podridos han hecho y hacen todo lo posible para que este país sea una charca; los Congelados lo ven como un páramo; y los Incendiados quisieran prender explosivos y verter venenos para que surja una gigantesca fogata.
Toda la clave del futuro está allí: que el Perú escape del peligro de no ser sino una charca, de volverse un páramo o de convertirse en una gigantesca fogata. Que el Perú no se pierda por la obra o la inacción de los peruanos."
(Basadre, Jorge. La Promesa de la Vida Peruana. Lima, Editorial Mejía Baca; julio 1958; pp. 50-51).
En el Apéndice, fechado en noviembre de 1978, Basadre se reafirma en aquello que había escrito en 1943 (pp. 414-415), agregando:
"A pesar de todo, sin embargo, y por encima de las desgracias que puedan venir por más horrendas que sean, seguimos creyendo en lo que modestamente llamáramos desde 1941 "la promesa de la vida peruana". Concepto que alguna relación tiene con lo que Ernest Bloch definió en 1959, "como el principio esperanza" en el libro de ese título en el que explicó que el hombre ha vivido siempre en la prehistoria y que el verdadero génesis está al final y no al principio" (Basadre Jorge. Perú: Problema y Posibilidad. Lima; Studium; 5ta. Edición, 1987; p. 415).
Más interesante aún -y quizás, más hermoso-, es lo que escribe al final del capítulo primero ("El sentido de la Historia Peruana") de la obra de 1931. Es una cita que definitivamente adquiere gran actualidad porque nos sitúa en una encrucijada, en la imperiosa necesidad de tomar una opción:
"Quienes únicamente se solazan con el pasado, ignoran que el Perú, el verdadero Perú es todavía un problema. Quienes caen en la amargura, en el pesimismo, en el desencanto, ignoran que el Perú es aún una posibilidad. Problema es, en efecto y por desgracia el Perú; pero también, felizmente, posibilidad." (Basadre, Jorge; "Perú: Problema y Posibilidad"; op.cit. p. 7)
"Uno de los más fascinantes y menos estudiados asuntos que la historia social ofrece entre nosotros, es el que atañe a las élites.
Un país no es sólo pueblo. El pueblo suministra la base telúrica, la unidad histórica, el complejo sociológico, la estructura económica, la materia prima humana, que son los cimientos de un país. Ahí no queda, por lo demás, su aporte. Él se manifiesta también mediante un conjunto de urgencias y de aspiraciones quizás confusas, de posibilidades y de necesidades a veces mutiladas, de empresas y de esperanzas siempre latentes. No es, por lo tanto, su contribución una simple carga del pasado. Pero si ese país quiere desempeñar una función activa en el mundo, necesita algo más que una masa. Necesita mando. En épocas y en ambientes donde primó la tradición, ese mando partió de la aristocracia de la sangre. Error profundo suponer, sin embargo, que sólo esos aristócratas por herencia mandaron. Siempre mandó alguien. En las épocas más revueltas emergieron jefes improvisados, seguramente los que evidenciaron mayor audacia, valentía o decisión. Y democracia no quiere decir que nadie gobierne, sino que el pueblo escoge a sus propios dirigentes por medio del sufragio, para un tiempo corto y con poderes limitados, seleccionándolos según los partidos políticos a los que pertenecen. No hay nada reaccionario, pues, en esta teoría del necesario mando."
(Basadre, Jorge. La Promesa de la Vida Peruana. Lima)
http://www.constructoresperu.org/html/modulo_introductorio/mod_intro_PDF/La_promesa_de_la_vida_peruana_BASADRE.pdf
Los enemigos de la promesa son : los podridos, los congelados y los incendiados ...
La Promesa de la Vida Peruana es un ensayo escrito por Jorge Basadre en 1943. En noviembre de 1978, Basadre vuelve sobre el mismo texto en un apéndice titulado "Algunas Reconsideraciones Cuarentisiete años después" que aparece en la reproducción facsimilar de la Primera Edición de 1931 de Perú: Problema y Posibilidad. He aquí el texto de 1943:
"(…) Ninguna de nuestras soluciones nos vendrá, pues, cocida y masticada de otros países, aunque sean hermanos, primos o prójimos. Y, sobre todo, nada se podrá hacer a fondo si al país no le conmueve la conciencia de sí, si no afirma en esta hora feroz su querer existencial nacional. Por eso, la promesa de la vida peruana atañe a la juventud para que la reviva, a los hombres de estudio en sus distintos campos para que la conviertan en plan, a la opinión pública en su sector conciente para que la convierta en propósito.
(...) Porque la promesa de la vida peruana sentida con tanta sinceridad, con tanta fe y con tanta abnegación por próceres y tribunos, ha sido a menudo estafada o pisoteada por la obra coincidente de tres grandes enemigos de ella: los Podridos, los Congelados y los Incendiados.
Los Podridos, han prostituido y prostituyen palabras, conceptos hechos e instituciones al servicio de sus medros, de sus granjerías, de sus instintos y de sus apasionamientos.
Los Congelados se han encerrado dentro de ellos mismos, no miran sino a quienes son sus iguales y a quienes son sus dependientes, considerando que nada más existe.
Los Incendiados se han quemado sin iluminar, se agitan sin construir.
Los Podridos han hecho y hacen todo lo posible para que este país sea una charca; los Congelados lo ven como un páramo; y los Incendiados quisieran prender explosivos y verter venenos para que surja una gigantesca fogata.
Toda la clave del futuro está allí: que el Perú escape del peligro de no ser sino una charca, de volverse un páramo o de convertirse en una gigantesca fogata. Que el Perú no se pierda por la obra o la inacción de los peruanos."
(Basadre, Jorge. La Promesa de la Vida Peruana. Lima, Editorial Mejía Baca; julio 1958; pp. 50-51).
En el Apéndice, fechado en noviembre de 1978, Basadre se reafirma en aquello que había escrito en 1943 (pp. 414-415), agregando:
"A pesar de todo, sin embargo, y por encima de las desgracias que puedan venir por más horrendas que sean, seguimos creyendo en lo que modestamente llamáramos desde 1941 "la promesa de la vida peruana". Concepto que alguna relación tiene con lo que Ernest Bloch definió en 1959, "como el principio esperanza" en el libro de ese título en el que explicó que el hombre ha vivido siempre en la prehistoria y que el verdadero génesis está al final y no al principio" (Basadre Jorge. Perú: Problema y Posibilidad. Lima; Studium; 5ta. Edición, 1987; p. 415).
Más interesante aún -y quizás, más hermoso-, es lo que escribe al final del capítulo primero ("El sentido de la Historia Peruana") de la obra de 1931. Es una cita que definitivamente adquiere gran actualidad porque nos sitúa en una encrucijada, en la imperiosa necesidad de tomar una opción:
"Quienes únicamente se solazan con el pasado, ignoran que el Perú, el verdadero Perú es todavía un problema. Quienes caen en la amargura, en el pesimismo, en el desencanto, ignoran que el Perú es aún una posibilidad. Problema es, en efecto y por desgracia el Perú; pero también, felizmente, posibilidad." (Basadre, Jorge; "Perú: Problema y Posibilidad"; op.cit. p. 7)
"Uno de los más fascinantes y menos estudiados asuntos que la historia social ofrece entre nosotros, es el que atañe a las élites.
Un país no es sólo pueblo. El pueblo suministra la base telúrica, la unidad histórica, el complejo sociológico, la estructura económica, la materia prima humana, que son los cimientos de un país. Ahí no queda, por lo demás, su aporte. Él se manifiesta también mediante un conjunto de urgencias y de aspiraciones quizás confusas, de posibilidades y de necesidades a veces mutiladas, de empresas y de esperanzas siempre latentes. No es, por lo tanto, su contribución una simple carga del pasado. Pero si ese país quiere desempeñar una función activa en el mundo, necesita algo más que una masa. Necesita mando. En épocas y en ambientes donde primó la tradición, ese mando partió de la aristocracia de la sangre. Error profundo suponer, sin embargo, que sólo esos aristócratas por herencia mandaron. Siempre mandó alguien. En las épocas más revueltas emergieron jefes improvisados, seguramente los que evidenciaron mayor audacia, valentía o decisión. Y democracia no quiere decir que nadie gobierne, sino que el pueblo escoge a sus propios dirigentes por medio del sufragio, para un tiempo corto y con poderes limitados, seleccionándolos según los partidos políticos a los que pertenecen. No hay nada reaccionario, pues, en esta teoría del necesario mando."
(Basadre, Jorge. La Promesa de la Vida Peruana. Lima)
http://www.constructoresperu.org/html/modulo_introductorio/mod_intro_PDF/La_promesa_de_la_vida_peruana_BASADRE.pdf
domingo, junio 05, 2011
Ollanta Moisés Humala Tasso
Ollanta Moisés Humala Tasso
Presidente del Peru
(2011-2016)
TRAS LOS PASOS DE LULA
El asesor brasileño de Ollanta Humala no pierde detalle mientras el candidato nacionalista concede entrevistas a la prensa extranjera en el lujoso Hotel Los Delfines de Lima. Alto, canoso y buen conversador, Luis Favre es el hombre que el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula da Silva mandó a Perú para alejar a Humala de la izquierda radical que representa el presidente venezolano, Hugo Chávez, y situarlo en la órbita de la izquierda moderna que los votantes identifican con el propio Lula o el presidente uruguayo, José Mujica. Las urnas juzgan hoy la credibilidad de Humala y el trabajo de Favre.
Álvaro Vargas Llosa, hijo del Nobel de Literatura, aseguró el sábado que el viaje al centro de Humala comenzó cinco años atrás, cuando perdió la presidencia frente a Alan García. Vargas Llosa contó que, tras la derrota, Humala llamó a su padre para confesarle que había cometido muchos errores. El más grave había sido el de vincular su proyecto político al chavismo. Hoy, el aspirante jura defender la democracia y las libertades civiles y la propiedad privada. Su transformación ya convenció a los Vargas Llosa y a un montón de intelectuales, a una legión de analistas políticos y, sobre todo, al 50% de los votantes.
Casado con Nadine Heredia y padre de tres hijos, Humala ha aprendido a sus 48 años que el pasado no se borra de un plumazo. Aparte de cargar con una estrecha relación con Chávez en el pasado, sobre el candidato también pesa el legado de su padre, Isaac, creador del movimiento etnocacerista, que proclama el poderío y la identidad inca de la época prehispánica sobre el hombre blanco. Desde su etapa como militar lo acompañan las sospechas de autoritarismo. Se le acusa de haber perpetrado abusos contra civiles en la región andina de Huánuco en 1992, al final de la guerra contra Sendero Luminoso. Fue absuelto por falta de pruebas.
El 1 de octubre de 2000, el mismo día en que el siniestro exasesor del presidente Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos, huía de Perú en un velero para escapar de la justicia, Humala encabezó un alzamiento con su hermano Antauro desde un regimiento en la región sureña de Moquegua contra el régimen fujimorista. Tras la caída del Gobierno, se entregó y fue amnistiado. En 2005, Antauro encabezó otra asonada en Andahuaylas. Hubo seis muertos y Antauro fue condenado a 25 años de prisión. Muchos reprochan a Humala no haber condenado el sangriento Andahuaylazo.
F. GUALDONI - Lima - 05/06/2011
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