domingo, agosto 31, 2014

MEDICOS SIN FRONTERAS


Fundacion 1971.
Somos independientes de todo poder político, económico o religioso.
Estamos presentes en más de 65 países, con cerca de 500 proyectos en marcha y 19 oficinas en los cinco continentes.
MSF = acción médico-humanitaria independiente
La acción humanitaria es un gesto solidario de sociedad civil a sociedad civil, de persona a persona, cuya única finalidad es preservar la vida y aliviar el sufrimiento de otros seres humanos.
Contamos con más de 3,8 millones de socios y colaboradores en todo el mundo y 40 años de experiencia en acción médica y humanitaria.

Premio Nobel de la Paz 1999.





La Fuerza de MARY

El Triángulo de la muerte. Así es como tengo que describir esta parte del mundo en la que los equipos de Médicos sin Fronteras (MSF) están luchando día y noche para detener la epidemia de Ébola. La historia que voy a contarles comienza y termina en Guéckédou, un pueblo en el interior de los bosques guineanos, no lejos de la frontera con Sierra Leona y Liberia. Allí el virus del Ébola no parece querer detener su avance y en nuestro hospital de campaña tenemos cada vez más dificultades para encontrar camas y espacio para todos los casos que se nos presentan. Las muertes se producen a diario: es como una masacre que va dejando un reguero de víctimas gota a gota. El día que menos fallecidos tuvimos contamos cuatro víctimas, pero hemos llegado a perder hasta siete personas.
El mismo día de mi llegada ingresamos a toda una familia: el padre, la madre y sus tres hijas, de 7, 10 y 13 años. El padre murió a las pocas horas. Geneva estaba aterrorizada ante la posibilidad de que ella siguiera la misma suerte de su marido y que sus tres hermosas niñas se quedaran huérfanas. Su estado empezó a agravarse de repente. Comenzó a sangrar por la nariz y luego la boca hasta que no pudo aguantar más. No olvidaré nunca los gritos de horror de sus tres niñas, traumatizadas al tener que pasar por la horrible experiencia de ver morir a su madre de esta manera tan cruel. El padre había ido a un funeral de un hermano. En ese momento nadie sabía que aquel hombre había fallecido por Ébola, así que sus familiares realizaron la ceremonia de preparación de cuerpo sin protección. Una persona infectada con Ébola tiene el virus en todas las secreciones del cuerpo: el sudor, las lágrimas, la saliva, sangre, heces, vómito, e incluso en la leche materna. Y ya hemos comprobado que es precisamente en los funerales donde más fácilmente se propaga la enfermedad, ya que todas las personas que acuden al entierro tocan el cuerpo del fallecido. Y en el caso de esta familia, así fue como ocurrió: no todos fueron al funeral, pero una vez de vuelta a casa el padre transmitió el virus a su mujer y a sus hijas.
Mary, la mayor de las tres hermanas me impresionó de inmediato por su actitud madura y por las duras miradas que me dirigía. Se había quedado sola para cuidar de sus dos hermanas menores y pasaba horas tratando de darles algo de bebida y de comida. Les pedía que hicieran un esfuerzo para salir adelante, pero para ellas el abrir la boca ya era de por sí un auténtico calvario. La diarrea comenzó a manifestarse en la hermanita menor y después de una noche de agonía al final también se nos fue.
Mary y Jetta, la otra hermanita que todavía resistía, se encerraron en un silencio total. Ni siquiera me miraron cuando entré en la tienda de campaña a ver cómo estaban. Se negaron a comer a pesar de que Mary aún tenía fuerza para hacerlo. Mis compañeros y yo entrábamos por turnos en la unidad de aislamiento para no dejarlas mucho tiempo solas. El traje de protección da muchísimo calor y no podemos permanecer en el interior de la tienda durante mucho tiempo. Sin embargo, sabíamos que había que hacer un esfuerzo para estar con ellas. Mary y Jetta no hablaban inglés, así que cuando les preguntaba cómo se sentían o si querían comer ni siquiera me miraban.
Al día siguiente Jetta se durmió en un sueño profundo, del cual nunca más despertó. La tristeza invadió a todo el equipo, nuestros corazones se rompieron en pedazos y la rabia acumulada ante tanta frustración acumulada amenazaba con salir. La sensación de impotencia es la que tiene la sartén por el mango en este tipo de casos. La ira aumenta progresivamente y uno sólo quiere gritar para desahogarse.
Mary seguía allí, aparentemente indiferente ante la muerte de su segunda hermana, sin mirar a su cuerpo. Ya no lloraba. Quise abrazarla y me acerqué a ella para hacerlo, pero hizo un movimiento brusco y se volvió hacia otro lado. Mientras que mis compañeros se disponían a llevarse el cuerpo de su hermana, Mary seguía con su mirada fija en la pared de la tienda. No se movió de esa posición durante horas, y así me la encontré a las siete de la tarde, cuando fui a llevarle la cena. Le puse el plato delante y le pedí que hiciera un esfuerzo. Trataba de explicarle que comer y beber ayuda al cuerpo a combatir el Ébola. Pero ella no movió la cabeza ni un centímetro.
Al día siguiente, me la encontré tumbada en el suelo. Me temí lo peor, pero sólo estaba dormida. La llamé. Noté que reconocía mi voz y que reaccionaba como si estuviera esperando una de mis habituales preguntas. Tomé su mano derecha y la sostuve mientras le decía que no me iba a dar por vencido, que quedaría allí a su lado hasta que probara un poco de la comida que le había traído. Seguía sin mirarme. Y entonces fue cuando me dije a mi mismo: "¿por qué no hablas con ella en italiano? En el fondo va a entender lo mismo que si le hablas en inglés. Y al fin y al cabo nuestro idioma es un idioma hermoso, musical y cautivador incluso para aquellos que no pueden entender sus palabras”. Me puse a su lado y empecé a contarle cosas sin importancia: de dónde soy, a qué me dedicaba y qué estaba haciendo en su país. Después me puse a hablarle de mi familia, de mi sobrino Mateo, y de lo mucho que les echaba de menos. Algo empezó a funcionar. Mary me miró por fin, mientras yo sostenía su mano en la mía, embelesada como quien escucha por primera vez la letra de una bonita canción que le acompañará el resto de su vida. Me armé de valor para acercarle el plato, pero ella de inmediato se volvió hacia otro lado.
Le expliqué con gestos y palabras que el calor me estaba torturando y que todo el interior del traje estaba empapado de sudor, que el trocito de plástico trasparente a través del cual la miraba estaba completamente empañado y que apenas podía verla. Me costaba respirar, pero hice un esfuerzo por quedarme un ratito más, pues notaba que ella de alguna manera lo estaba agradeciendo. Dejé de intentar darle la comida y después de unos largos minutos, cuando ya me estaba yendo, sentí cómo su mano agarraba mi brazo para pedirme que no me fuera. Me di la vuelta y noté un movimiento en sus labios, pero no podía entender lo que me decía. Le pedí a otro de los pacientes que por favor me lo tradujera: Mary me estaba diciendo que por favor la bañara. Inmediatamente me sentí lleno de energía y supe que estaba listo para hacer este último esfuerzo antes de salir de la unidad de aislamiento.
Estaba tan débil que apenas podía mantenerse en pie, pero aguantó el baño como una auténtica heroína. "Yo he hecho un esfuerzo para ayudarte a que tomaras ese baño. Ahora yo te tengo que pedir que tú también hagas un esfuerzo y comas un poquito". Le acerqué de nuevo el plato y esperé de nuevo. Por fin abrió la boca y se comió unas cuantas cucharadas de arroz.
No sé cómo describir la sensación de alegría que sentí en ese momento. Siendo objetivo, este no era ni mucho menos un signo de que fuera a curarse, pero era un enorme paso adelante, un objetivo que nunca pensé que pudiera llegar a cumplirse. A la salida de la zona de aislamiento comuniqué a voz en grito la gran noticia a todo el equipo. No se lo creían. Entonces les hice acercarse a la tienda de campaña para que lo vieran con sus propios ojos: allí estaba ella, comiéndose poquito a poco su arroz.
El día siguiente, parecía que una vez más Mary no querría comer, pero después del baño se sentó en la cama y empezó a mojar el pan en su té. No estaba bien y se encontraba muy débil, pero me daba cuenta de que lo intentaba. Estaba haciendo todo lo que podía para seguir viviendo. Y yo por mi parte estaba seguro de que podía mejorar.
Por la tarde me dieron la noticia de que al día siguiente me tendría que ir a una misión de exploratoria en Liberia, donde el Ébola continúa su avance. ¡No me lo podía creer! Ahora que Mary empezaba a reaccionar, yo lo que quería era seguir su progreso y estar cerca de ella. Pero no me quedaba más remedio que irme, así que antes de salir fui a despedirme de ella. Me miró, tomó el plato y comenzó a comer, mientras yo permanecía sentado a su lado como las veces anteriores. Antes de salir de la tienda de campaña le hice un gesto de despedida con la mano, quise explicarle que me tenía que ir y le prometí que cada día preguntaría cómo estaba, que no me olvidaría nunca de ella.
Es realmente extraño cómo puede uno llegar a sentirse unido a otra persona a la que apenas conoce y con la que ni siquiera puede llegar a comunicarse en el mismo idioma. Sin embargo, esa niña me cautivaba con su mirada. No me la quito de la mi mente.
Ya han pasado unos días desde que me despedí de ella y hoy me han dado la gran noticia: "Mary está fuera. Lo hemos conseguido”. No tengo palabras para expresar la alegría que siento. He llorado durante horas como un bebé. Decir que le he salvado la vida sería mucho decir, pero estoy seguro de que el estímulo, la cercanía y mi terquedad le han ayudado a salir adelante. Ella hizo el resto. Y seguro que el destino del algún modo también la ayudó.
El enfermero italiano Massimo Galeotti, en un centro de MSF en Sierra Leona.

En "La fuerza de Mary", publicado en El País, el enfermero italiano de MSF Massimo Galeotti relata su encuentro más emotivo con el Ébola, el de una paciente de 13 años.

sábado, julio 12, 2014

LOS HUERFANOS DEL CONDOR

LOS HUERFANOS  DEL CONDOR

Francia, Uruguay / 2003 / 56 min / Documental

Un trabajo con la capacidad de descubrir, exponer y documentar entramados del Plan Cóndor, del cual participaron autoridades civiles y militares.
El film es un revelador documento pero también una crónica humana del presente de jóvenes que fueron secuestrados y desaparecidos junto a sus padres.

Caso Anatole y Victoria Julien Grisonas
En el marco del "Plan Cóndor", la siniestra alianza de las dictaduras del Conosur que en la década del setenta intercambiaba inteligencia, reprimía, torturaba y coordinaba el exterminio clandestino de los denominados "elementos subversivos" -combatientes, activistas o meros opositores políticos-, este documental trata acerca de un caso tan real como conmovedor y emblemático.

Mario Roger Julien, miembro del Partido por la Victoria del Pueblo que integra la coalición política "Frente Amplio" a cargo del gobierno en Uruguay desde 2006, y opositor político de la dictadura uruguaya que rigió en el período 1973-1985, en 1974 debió exiliarse en Argentina junto con su esposa, Victoria Grisonas, y sus dos pequeños hijos.

En marzo de 1976 se instaló en Argentina una muy sangrienta dictadura militar. El 26.9.76 se abatió sobre el hogar de la familia Julien-Grisonas un violentísimo operativo policial-militar en el que el padre fue abatido mientras que a la madre le arrebataron a los niños, la arrastraron de los pelos y la torturaron salvajemente delante de sus hijos, Anatole y Victoria.

En tanto que Grisonas pasó a revistar como "desaparecida" los niños fueron conducidos al centro clandestino "Automotores Orletti" ubicado en la Ciudad de Buenos Aires, donde se torturaba, asesinaba y hacía "desaparecer".

A los pocos días y acompañados por efectivos uruguayos que operaban en Orletti, los menores fueron clandestinamente trasladados al Uruguay e internados en una conocida guarnición militar de la ciudad de Montevideo que operaba como centro de detención.

Poco después se los volvió a trasladar, por vía aérea y siempre en forma clandestina, al Chile gobernado por el dictador Augusto Pinochet. En vísperas de la Navidad de ese año 1976 fueron conducidos a la plaza O'Higgins de Valparaíso y abandonados en la zona de juegos, cuando Anatole tenía 4 años y Victoria 16 meses. Allí fueron encontrados, solos e indocumentados, por carabineros que, como nadie los reclamó, los llevaron a un orfelinato en Playa Ancha.

Después de casi dos años, un matrimonio valparisino que no podía tener hijos se interesó por ellos y una jueza dispuso entregárselos en tenencia provisoria.

En tales circunstancias apareció en escena la abuela biológica uruguaya, conocida por su coraje y tenaz lucha como Mamá Julien, que hacía tres años que buscaba a sus nietos -y también a su hijo y a su nuera- por cielo, mar y tierra.

Valorando la calidad humana del matrimonio chileno que aspiraba a adoptar a los niños, convencida que era la mejor solución para sus nietos y, también, íntimamente persuadida que su hijo y su nuera ya no aparecerían, Mamá Julien consintió que la adopción se consumase....


http://youtu.be/v9SL6sVYmaA



María Victoria Moyano Artigas
nació en el centro de detención clandestino conocido como el Pozo de Banfield y fue apropiada por una familia pudiente que habitaba en el barrio porteño de Belgrano.
Su maestra de 1º grado, Olga Asunción Fagúndez, tenía sospechas sobre su verdadera identidad y por eso hizo la denuncia correspondiente en las Abuelas de Plaza Mayo. Con tan sólo nueve años, “Viky” regresó con sus abuelos biológicos.

Su padres: María Asunción Artigas y Alfredo Moyano fueron secuestrados por fuerzas de seguridad el 30 de diciembre de 1977 y luego asesinados en el Pozo de Banfield.

María Asunción tenía 26 años, Alfredo 21.
María había nacido el 26 de marzo de 1951 en Montevideo, Uruguay.
Alfredo era de nacionalidad argentina. Estaban casados y María Asunción estaba embarazada. Alfredo era obrero de construcción y María Asunción era estudiante de medicina. María Asunción había asistido al Colegio Divina Providencia, a los liceos Bauzá y Miranda y a la Facultad de Medicina en la Universidad de la República. Los dos tenían actividades gremiales y políticas, María Asunción estaba vinculada al MLN.
La pareja vivía en la calle 595 de Berazategui, en la provincia de Buenos Aires. El 30 de diciembre de 1977 a las 3 de la mañana, personas fuertemente armadas irrumpieron sorpresivamente en el domicilio del matrimonio Moyano Artigas deteniendo a ambos e introduciéndolos encapuchados y esposados en unos autos Ford Falcon que aguardaban en el lugar. Finalizado el operativo permanecieron en el lugar dos vehículos y horas más tarde un camión regresó al lugar y procedieron a apoderarse de los bienes, advirtiendo a los vecinos presentes en el lugar de que guardaran silencio sobre los hechos. En el mes de mayo de 1978 la casa fue visitada nuevamente por personal del ejercito uniformado. En el operativo estuvieron envueltos el ejército argentino y uruguayo y la policía federal. Un tiempo antes de la detención y el secuestro de la pareja, el domicilio de la madre había sido allanado por fuerzas policiales y de civil. En la oportunidad uno de los agentes le preguntó por su hijo de nombre Fredy, empleando el término "botija", indicador de que se trataba de un uruguayo por el modismo empleado para referirse a "pibe" o "muchacho".  La pareja fue vista en el pozo de Quilmes y en el pozo de Banfield. María Victoria Moyano Artigas nació en el pozo de Banfield el 25 de agosto de 1978. El médico Jorge Vidal falsificó su certificado de nacimiento y la beba fue dada al policía Víctor Penna y a su mujer María Elena Mauriño. En 1987 fue recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo. Desde entonces vivió en Uruguay con sus abuelos maternos.
http://robomenores.blogspot.com/

viernes, julio 11, 2014

DAYANI CRISTAL

¿Quien es Dayani Cristal?
Who is Dayani Cristal?


 http://whoisdayanicristal.com/home     

               
3 de Agosto de 2010,
Condado de Pima (Arizona).
En mitad del desierto calcinado de Sonora, al pie de una cicada, la Migra encuentra el cadaver semidescompuesto de un hombre. Bajo su andrajosa camiseta, descubren un tatuaje que dice
"Dayani Cristal".
¿Quién es?
¿Como llegó hasta allí?
¿Cómo murió?
¿Y qué —o quién— es Dayani Cristal?
    

La policía fronteriza de Arizona descubre el cuerpo en descomposición de un hombre en medio del desierto. Al mover su ropa, descubren un tatuaje que dice: Dayani Cristal. ¿Quién es esta persona, quién lo trajo aquí, cómo murió y quién —o qué— es Dayani Cristal?

En Arizona, el director Marc Silver busca responder estas preguntas y darle identidad al hombre anónimo, mientras que en Centroamérica Gael García Bernal sigue la pista de este hombre a lo largo de la ruta migrante hasta la frontera, buscando entender lo que debió haber sido este viaje final. Así experimenta, de primera mano, los peligros que se enfrentan y aprende sobre las motivaciones, esperanzas y miedos de los migrantes dando voz a las historias humanas que suelen ignorarse en el debate migratorio.







http://youtu.be/p2R59nvrIHo



The Arizona Border police discovers the decomposing body of a man in the desert. When they move their clothes, they find a tattoo that reads: Dayani Cristal. Who is this person, who brought him here, how did he die and who-or what-is Dayani Cristal?
In Arizona, director Marc Silver seeks to answer these questions and give identity to the anonymous man, while in Central America, Gael García Bernal keeps track of this man along the migration route to the border, seeking to understand what it must have been this final journey. Thus he experiences, the dangers they face as well as the motivations, hopes and fears migrants have, while giving voice to the human stories often ignored in immigration debates.
      
FACT SHEET

Director:Marc Silver
Writer: Mark Monroe
Production: Lucas Ochoa, Thomas Benski, Gael García Bernal
Photography: Marc Silver, Pau Esteve Birba
Cast: Gael García Bernal

jueves, julio 10, 2014

Enrique Angelelli

Enrique Angelelli
el asesinato de un obispo en la dictadura

"Con un oído puesto en el Evangelio y otro en el pueblo ...” 

era el lema de Enrique Angelelli, uno de los pocos obispos que se opuso de la última dictadura militar de Argentina (1976-1983).
Aquella actitud, contrapuesta a la mayoría de los prelados de su país, le costó la vida. Murió en un asesinato que fue disfrazado como un accidente de coche en 1976, según determinó este viernes 4 de julio un tribunal de la ciudad de La Rioja (a 987 kilómetros al noroeste de Buenos Aires).

Por el caso llegó a estar procesado el exdictador Jorge Videla (1976-1981), que falleció el año pasado antes de recibir sentencia. Por el fallo, después de ocho meses de juicio, fueron condenados a prisión perpetua en una cárcel común el exgeneral Luciano Menéndez, de 87 años, que dirigió la represión en el norte de Argentina, y el exvicecomodoro Luis Fernando Estrella, de 81, que estaba a cargo de una base aérea en el pueblo de Chamical, también en la provincia de La Rioja. Ambos ya se encontraban detenidos por otros crímenes.

El obispo riojano iba en coche desde Chamical a la capital provincial después del funeral por el crimen de dos sacerdotes y un catequista, también a manos del régimen, cuando dos coches lo hicieron volcar. Lo acompañaba un sacerdote que después dejó los hábitos, Arturo Pinto. En su momento, la dictadura, la prensa y la jerarquía católica coincidieron en que se había tratado de un accidente. Después del regreso de la democracia, en 1984 Pinto pudo contar que en realidad había sufrido una encerrona. Pero el caso no prosperó entonces en la justicia por las leyes de amnistía de 1986 y 1987 y los indultos de 1989 y 1990. Solo se reflotó después de que la Corte Suprema de Argentina declarar la inconstitucionalidad de aquellas medidas en 2005. Ese mismo año, el entonces arzobispo de Buenos Aires y actual papa Francisco, Jorge Bergoglio, encabezó una misa de reivindicación de Angelelli en la que lo llamó “mártir”. Era la primera vez que la jerarquía de la Iglesia lo calificaba así, aunque algunos pocos obispos, sacerdotes, religiosos y laicos llevaban décadas teniéndolo como referencia del compromiso con “quienes padecen hambre, miseria o injusticia en su vida", según decía el prelado asesinado a sus 53 años.

Ha sido llamativo que la propia Iglesia se presentara ahora como querellante en el juicio por el homicidio. Además, el Papa desclasificó del archivo del Vaticano una carta y un informe que Angelelli había enviado allí y los aportó en junio pasado al proceso judicial. En la esquela, el obispo contaba que se había reunido con Menéndez para advertirle de la persecución que sufrían. El exgeneral siempre había negado conocer al obispo e incluso insistió con esa versión en el alegato final que dio este viernes ante los magistrados del tribunal de La Rioja que después lo condenó. “Mi sueño es poder recibir de mi obispo diocesano la investidura de cruzado de la fe y poder empuñar en una mano una espada y en la otra la cruz de Cristo para eliminar los enemigos de Dios y de la Patria”, le dijo Menéndez a Angelelli, según cuenta el obispo en su carta al entonces nuncio apostólico (embajador del Vaticano) en Buenos Aires, el italiano Pio Laghi. Fallecido en 2009, Laghi siempre había negado que hubiese recibido mensajes de Angelelli. Pero el obispo desconfiaba de él y también envió copias de su carta y su informe a la Santa Sede. Ahora el que las ha develado es Bergoglio, el mismo sobre quien se tejen historias contradictorias sobre su papel como jefe de los jesuitas argentinos durante el régimen. 

“Estamos permanentemente obstaculizados para cumplir con la misión de la Iglesia. Personalmente, los sacerdotes y las religiosas somos humillados, requisados y allanados por la policía con orden del Ejército”, relataba Angelelli en la carta.

El otro de los condenados, Estrella, también dio la nota en su alegato al cometer un lapsus: “Todos los testigos convocados por la fiscalía dijeron que la escena del crimen no cambió… perdón, la escena del accidente”. El comentario despertó primero sonrisas y murmullos y después un aplauso del público presente en la sala judicial. Estrella fue condenado por organizar el crimen y Menéndez, por dar la orden. Además de Videla, otros dos acusados fallecieron antes del juicio.

Angelelli era un hijo de inmigrantes italianos que nació en Córdoba en 1923. A los 15 años ingresó al seminario, a los 22 continuó en Roma sus estudios y se ordenó sacerdote a los 26. Después regresó a Córdoba y comenzó a visitar barrios chabolistas y a asesorar a jóvenes obreros y universitarios. En 1960 fue consagrado obispo auxiliar de Córdoba. Como todos los prelados del mundo de aquel tiempo, participó del Concilio Vaticano II. "Todo intento de auténtica renovación lleva como precio el sufrimiento, la incomprensión y a veces hasta la calumnia", decía Angelelli.

Como obispo de La Rioja (Argentina),  Angelelli se había comprometido con los pobres.



Su prédica no caía bien en los sectores conservadores de la Iglesia cordobesa y el papa Pablo VI lo destinó en 1968 al frente de la diócesis de la vecina La Rioja, una provincia pobre y menos poblada. Cuando llegó allí, dijo que quería convertirse en el "amigo de todos, de los católicos y de los no católicos, de los que creen y de los que no creen". Muchos lo quisieron: durante el régimen militar que imperó de 1966 a 1973, alentó la organización sindical de los trabajadores rurales, los mineros y las asistentas y la creación de cooperativas para producir tejidos, ladrillos, pan y agricultura.

Muchos lo odiaron: militares, terratenientes y otros católicos lo rechazaron por "infiltrado comunista", lo apodaron “Satanelli”. Incluso, en 1972, lo apedreó una turba liderada por un hermano latifundista de Carlos Menem, quien en 1989 llegaría a la presidencia de Argentina e indultaría a los cabecillas de la última dictadura de este país y a los jefes guerrilleros de aquella década de los 70.
En la dictadura, advirtió al nuncio apostólico que las cárceles estaban “repletas de detenidos por el solo delito de ser miembros fieles y conscientes de la Iglesia” y también que él estaba amenazado de muerte. La amenaza se cumplió. Ahora se cumplirá la condena