viernes, octubre 09, 2009

"EL ZAMBO CAVERO" (1940-2009)


Arturo Cavero Velásquez
(* Lima, 29 de noviembre de 1940 - † Lima, 9 de octubre de 2009),
más conocido por sus admiradores como el 'Zambo' Cavero, fue un cantante peruano de música criolla.

El 'Zambo' Cavero fue considerado por muchos peruanos como un símbolo de la identidad peruana o más propiamente de la misma peruanidad, por el peculiar tono de su voz y su manera muy particular de interpretar la música criolla, cautivando a amantes y conocedores.
Como resultado de su larga y prolífica trayectoria profesional, Cavero ha sabido ganarse el cariño y la admiración del pueblo peruano.
Algunas de las mejores interpretaciones del 'Zambo' Cavero son las compuestas por el compositor peruano Augusto Polo Campos, todas interpretadas formando duo con el guitarrista Óscar Avilés.
El 3 de junio de 1987, Cavero, fue laureado conjuntamente con otros cuatro artistas peruanos: Luis Abanto Morales, Jesús Vásquez y Augusto Polo Campos en Washington D.C. por la Organización de los Estados Americanos, OEA. Organización que honró sus méritos por sus contribuciones para que la música peruana estableciera la presencia sólida que obstenta en el continente americano y en el resto del mundo.
El 5 de octubre de 2009, Cavero ingresa a la Unidad de Cuidados Intesivos del Hospital Edgardo Rebagliati Martins en el distrito de Jesús María, aquejado por una septicemia a causa de la obesidad mórbida que padecía. Sus compañeros del medio artístico y hasta el presidente Alan García lo visitaron por la gravedad de su estado, la cual puso su vida en riesgo. El 'Zambo' Cavero falleció el 9 de octubre de 2009 aproximadamente a las 12:55 pm, hora peruana.



El ‘Zambo’ Cavero fue la locura en el concierto de Los Hijos del Sol. Su gracia negra y palomilla, con la juventud de los músicos, fusionó lo viejo y lo eterno con lo nuevo. Cavero tiene mucha calle, muchas serenatas, harta jarana. Ha cantado 26 veces en Estados Unidos. También en Francia, Suiza, España, Suecia. Aquí es el último criollo, el último santón de un arte que, gracias a gente como él, no muere. El 29 es su santo. Quiere mucho a Rómulo Varillas y jura que se va a cuidar, que va a bajar de peso. Pero antes, escúchelo, con cajón y sin él.
Por Mario Campos

Arturo, ¿cuánto pesas?
En la entrevista saldrá.
¿Cuánto pesas, pues?
Ya te he dicho que en la entrevista saldrá.
¿No se resiente tu salud?Cómo no se va a resentir si ni mis rodillas me hablan. Pero, franco, franco, voy a entrar en tratamiento, porque desde que estuve en Suiza, me he pasado, y ya las rodillas no me resisten, me duelen y no puedo seguir así.

Los limeños llaman “huecos” a los restaurantes donde no sólo cocinan muy bien y donde hay una atención cariñosa y familiar. Los limeños llaman “huecos” a los lugares que les sirven de refugio. Y de esos, Arturo Cavero tiene miles en Lima: en La Victoria, en Lince, en los Barrios Altos, en Breña. Un buen “hueco” tiene su secreto: un plato, una delicia, que sólo sirven ahí. Y Cavero habla de sus “huecos” como un guía turístico, con avidez, sorprendiendo siempre, porque él sabe dónde sirven la mejor patita, los mejores chicharrones, y el cebiche y la carapulcra, y todo lo que queda del acervo criollo, del cual, él Arturo Cavero Velásquez, es el último santón, la última gran figura de masas.

En un “hueco” de Lince conversamos. En la calle lo han saludado, de los carros le han gritado —“zambo, zambo” le han dicho—, los vendedores de un mercado cercano le han hecho fiestas: Arturo, Arturo y Arturo picando de aquí, matándose de risa con la gente que no sé qué le dice, pero él es así: un palomilla gordo, un niño inmenso en cuya alma se quedaron los sonidos de todas las jaranas que en Lima hubo y las voces de los cantores, las guitarras, el redoble de los cajones…esa alegría.

¿Y dónde los escuchabas?
En el Felipe Pinglo. Yo tendría once, doce años. El Felipe quedaba en la cuadra nueve de la avenida Abancay, yo nací en la cuadra once y me iba hasta el Pinglo a ver las jaranas. Eran dos casas que las habían juntado. Yo no me puedo olvidar de esas voces, los guapeos, ese ambiente.
¿A quiénes escuchabas?
A José Moreno, que era un cantante extraordinario y cantaba con Oscar Avilés; a Leturia, a Curro, que grabó con Oscar “Olga” de Pablo Casas; a Cervantes, a Alejandro Cortez, de “Los Morochucos”; y a “Pajarito” Bromley, de “Los Chamas”, y también escuché a “Los 3 Diamantes”.
¿A Los 3 Diamantes? Al trío mexicano?
Sí, ellos estuvieron en Lima y en el Pinglo. Yo los estaba escuchando y de adentro me dijeron, Arturo, vaya a comprar una liga y un lápiz Faber.
¿Para qué?
Ellos no habían llevado guitarras y necesitaban eso para improvisar el “capotraste”, que sirve para transportar las notas. Yo después los vi en el cine, en una película con Lilia Prado, tacatí-tacatí-tacatá-tacatá, con eas piernotas y allí estaba preparándose Resortes, y por ahí Mantequilla, Chicote. Todo eso veía.
Y ya eras gordo…
Dale. No, no era gordo. Era espigado, altito.
Y ya te gustaba la jarana…
Cómo no. Yo nací en una quinta que se llamaba “La banderita blanca”, y a la otra cuadra quedaba el Pinglo, y más allá el Tipuani. Además, pon que yo estudié en el colegio 403 de Montevideo.
Ya, pero ¿de quién aprendiste tus primeras canciones?
De mi madre. Ella cantaba. La primera canción que yo escuché en mi vida fue Alma Mía, de Pedro Miguel Arrese: “el día que me olvides alma mía, no sé si existirás en mi penar…”. Y que en su parte alta dice: “si los lazos que nos unen se llegaran a romper, que se acabe ahorita mismo la existencia de mi ser”. Eso fue lo primero que le escuché a mi mamá, y por eso lo canto hasta ahora, y lo cantaré. Pero, además, quiero decirte que en el barrio donde nací, toda la gente era criolla, y había fiestas, serenatas, y las fiestas eran con pick-ups alquilados, con su cajita de agujas, llevados en triciclos.
Y escuchaste a Pablo Casas…
Cómo no, si era amigo de mis padres. Pero también lo escuché en el barrio de Santa Catalina, donde vivían sus primos, los Huapaya.
Tus padres…
Recuerdo a mi padre con infinito amor. Era recto, disciplinado y taxista. Fue un señor, dirigente sindical y todo. Y mi madre, mi mamá era el amor.
¿Y ellos veían bien que a ti te gustara la jarana?
Lo que pasa es que mi papá quería que yo fuera otra cosa. Le habían dicho que la bohemia tenía que ver con la perdición, con el abandono.
Eso a tu papá.
¿Y a tu mamá?
A mi mamá le dijeron que la bohemia me iba a tuberculizar.
¿A tuberculizar?
Sí, eso le dijeron, pues. Entonces mi madre compró una olla Récord, porque en ese tiempo había ollas a presión, compró una olla de triple aluminio, y se iba a Billingursth a comprar cabezas de bonito y me hacía concentrados de pescado para que no me tuberculizara y, fíjate ahora, no me tuberculicé. Y tanto no me tuberculicé que hoy, que quiero bajar de peso, no puedo.
¿Y cuándo empezó la jarana en serio?
Bueno, yo ya a los dieciséis años tocaba percusión con Juan Criado.
Juan Criado, el padre del arte negro en el Perú…Él les enseñó a todos, y después empecé a hacer chivos con orquesta.
“Chivos”. Traducción: palabra con que los músicos o cantantes llaman a los contratos que tienen en fiestas particulares: matrimonios, cumpleaños y así. La gente de la televisión le llama “bolos”. Sigue Cavero:
...Empecé a hacer “chivos” en la orquesta del señor Romero, la orquesta Capri. Después toqué mucho tiempo con los camagueyanos, la orquesta Camaguey de los Menacho. Tocaba batería, timbales y también cantaba. Tenía un swing terrible. Luego, en el 61 y 62 toco en el Negro-Negro y me encuentro con Rafaelillo, el chino Wong, Ochoa.
El Negro-Negro, la gran bohemia de Lima…Ahí conocí a Sérvulo Gutiérrez, a Juan Gonzalo Rose, a Alfonso Tealdo, a Jorge Pool, a Hudson Valdivia, una listaza. Pero, fíjate, a los 21 años me gradúo de profesor primario en el Instituto Pedagógico Nacional y gano tres mil soles mensuales. Ahora, fíjate más: yo, tocando y cantando en las orquestas superaba los quince mil soles. Cómo pues, así...
¿Y lo de Avilés?
A mi tío Oscar lo conocí en el Pinglo, y después, en una serenata que le dimos por su santo en el Casino de La Victoria. Al tiempo, yo trabajaba con Fernando Loli en “La Tapa”, la revista musical de Polo Campos. Hacíamos un número de maravilla. Fernando con la guitarra y yo con el cajón. Hacíamos “un suspiro de mi pecho aquíi es prueba de mi fiel cariño” y en la parte rapidita que dice: “yo-quiero-que-escuches-imagen-de-mi-alma-que-te-ama-y-te-adora-como-una-aventura-que nadie-ha soñado”. Esa parte rapidita. Bueno, en esa parte, la gente se ponía loca, y se levantaba, yPolo gozaba, y éramos el gran jale, hasta que Polo le dijo a Oscar Avilés: “mira ese número”, y mi tío Oscar me llevó a odeón y ahí empezó todo.

Cuando Augusto empieza a componer para ustedes, inicia un nuevo rumbo en sus canciones. La fuerza emotiva de siempre pero, ahora con la gracia negra, ¿no?Sí, pero lo primero que Augusto compone para nosotros es “Cada domingo a las doce, después de la misa”...
Ese vals maravilloso: “cada domingo a las doce saldré a la ventana, para esperarte como antes después de la misa, y en la esquina solitaria voy a ver a mi alma, que espera tus brazos, buscando tus pasos”...Una tristeza…Sí, y después vienen “Cariño malo” y “Cariño bonito”.
¿Ese cómo es?
Ese que dice: “dónde se duermen, tus ojos chinitos, cariño bonito”... y que más adelante dice: “y si tú sabes, que te necesito, pasa un ratito, por mi soledad”...
Con “Los Morochucos” Polo hizo “Cuando llora mi guitarra”, “Regresa”, canciones extraordinarias, y con ustedes también tiene un buen tiempo. La serie de los “cariño” es muy buena. Lo curioso es como salta de lo coloquial a lo estruendoso.“Contigo Perú”, “Y se llama Perú”, son la locura en cualquier parte, especialmente en el extranjero. Yo he visto llorar a mucha gente con esos valses.
Con esos valses que seguro aquí no cantan…Y abrazados.
Con una emoción que aquí en el país nadie tiene…Pero aquí la gente también se emociona. A mi se me salió el corazón cuando con Oscar cantamos en el Estadio Nacional, antes del partido con la Argentina. Y te crece el alma cuando escuchas a cincuenta mil personas: “Yo también me llamo Perú, con p de patria”. Ah, es algo que no te puedo contar. Es algo indescriptible. Pero ahí están las imágenes de la televisión. Yo no puedo quitar esas canciones cuando me presento en público. La gente me mata. Todos, todos cantan, y es una felicidad.
¿Qué otras canciones no puedes dejar de cantar porque sino te matan?
“Rebeca” y “Olga” se han incorporado. No puedo dejar de cantarlos. Lo que también me emociona es cómo se conmueve la gente, cómo quiere. Y hablo de la gente más pobre, que cuando termino de cantar se quita su reloj, me regala sus lapiceros. Quieren demostrarme que están felices…
El arte es una forma de la felicidad…Sí, pues. Eso lo comprobé cuando canté con “Los Hijos del Sol”, que son muchachos, que no han tenido la calle que tengo yo, pero que tienen tanto talento, son tan buenos, con tanto sabor. Ellos hacen un vals movido, y cuando yo entro a lo mío, cuando entro a mi quimba azambada, ellos me siguen, me agarran, porque son buenos, y eso me da felicidad. Si gusta lo que yo hago, si sigue gustando es porque yo soy feliz cuando canto. Y la música, pues es una felicidad donde todos nos reunimos.

Aparte de los Estados Unidos, ¿dónde más has hecho llorar a los peruanos?
Bueno, en España, en Barcelona, en Vigo, en Madrid. Pero donde la cosa fue terrible, extraordinaria, fue en París. Con Oscar hicimos un espectáculo tan grande que los peruanos, los latinos, no nos querían dejar salir. Fue muy emocionante, y siempre con “Contigo Perú”, con “Y se llama Perú”.
¿De qué sabores está hecha tu alma?
Mi madre cocinaba sensacional. Preparaba un pescado guisado…Buenas noches! Mi padre también cocinaba su pescado con unas cebollas, ay!, con unos tomates, y esos trozos de pescado con su arroz bien graneado, con su concolón. Pero mi madre era la reina de la cocina. Me hacía arroz con frejolito de Castilla, con camaroncitos chinos y trozos de tocino, y encima me ponía unos huevos fritos, y una salsa de rabanitos con cebollas que Buenas noches…¡oiga usted! Y también me hacía patitas con maní, ay Dios, un cau-cau y frejoles con papada… ¡por favor!, si nosotros vivíamos a dos cuadras del Mercado Central.
Estás feliz, Arturo, eres feliz…Tengo nostalgia de mis padres. Hubiera querido que estuvieran vivos, que disfrutaran de mí. La abrazaría a mi mamá. Le besaría su cabeza. A mi papá también. Quisiera comprarle un sombrero, una casaca bien bonita. A veces, cuando estoy en el extranjero, pienso qué no les llevaría a ellos. Tengo nostalgia de mis padres, sí. Nostalgia del tiempo que ellos vivían. Ellos eran mi único mundo. Tengo el corazón lleno de amor, estoy lleno de recuerdos, pero me voy a cuidar, sí, te juro que me voy a cuidar.


Arturo Cavero Velásquez (b. Peru-Lima, 29 November 1940 - † Peru-Lima, 9 October 2009), better known by his fans by the pseudonym of "Zambo Cavero". He was a virtuoso Peruvian singer, who enjoys international fame. He was considered by many Peruvians a symbol of the Peruvian identity or "Peruanidad" because of his particular manner of singing that captivates his listeners, many of whom coincide that Cavero's intensity makes then feel the melodies with a truly Peruvian taste, as a result in his long artistic trajectory, he was very popular, admired and loved, not only in Perú, but by many people from different parts of the world in which he sold his musical reproductions. "Zambo Cavero" specialized in interpreting, with a unique talent and inimitable voice, traditional songs from authentic and original rhythms of Perú, some of his best interpretations are songs that were composed by the notable Peruvian composer Augusto Polo Campos, other comes from a profound Afro-Peruvian traditional Música criolla. In June 3, 1987 Cavero, was laureated together with also the remarkable Peruvian musicians: Luis Abanto Morales, Jesús Vásquez and Augusto Polo Campos in Washington by the Organization of American States also known as OEA, honoring his merits after that the Inter-American Council of Music (Consejo Interamericano de Música) had a thorough evaluation of his professional career and the contribution and strong presence of the Peruvian Music in the American continent and in the rest of the world.

Arturo Cavero died from complications of sepsis in Rebagliati Hospital in Lima on October 9, 2009.


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